Lo único que estas consiguiendo es que la coraza se haga más fuerte. Pero a ti eso no te afecta. Quien va a tener que cargar con ella soy yo. Quien no va a poder deshacerse de ella soy yo. Tu creas el problema y yo lo sufro. Siempre así, y sin visos de cambiar. Cada vez un poco peor, otra capa que se añade a mi gran escudo.
Paso las noches en vela, pensando o llorando. Mi almohada sabe más de todo esto que yo misma. Tanto sufrimiento, ¿para qué? Realmente para nada. Porque esto no me va a llevar a nada bueno. Pero no consigo desengancharme. Puedo decir, sin equivocarme, que soy adicta a ti. Por ti me vuelvo masoquista. Odio que me hagas daño, pero vuelvo. Intento ser racional contigo, como lo soy con todo el mundo, pero no lo consigo. Eres el eje de mi vida, pero ese eje me va a matar. De hecho, lo hace cada día un poquito más. No es un dolor físico, sino del alma, de los que se sufren en silencio, los que mas duelen y peor se recuperan. Soy un kamikaze en una autopista en hora punta, un avión que se estrella en una montaña sin que nada ni nadie pueda pararlo.
No tengo remedio, pero tampoco lo tienes tú. Mi más intenso dolor. Lo odio. Te odio. Te amo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario