Las largas horas de lágrimas que mi almohada ha vivido son algo habitual desde el momento en el que supe lo que sucedía. En ese momento me derrumbé. Algo se moría en mi alma, mi corazón se apagaba. Un escalofrío petrificante dejó todo mi cuerpo helado. Por un lado, me decía: tonta, ya lo sabías, ¿por qué estás así? Y por otra: esa zorra va a morir.Aquí sigo, pensando qué hacer. ¿Mantengo una fiel amistad? ¿Lo ignoro? ¿Le trato con desprecio? Realmente, no sé que hacer, porque no sé vivir sin él.
Por otro lado, pienso: ¿algún día se olvidará de ella y caerá en mis brazos? Para entonces, ¿le habré olvidado?
Demasiados interrogantes y muy pocas respuestas que el tiempo aclarará...
"Lo bueno se hace esperar"
No hay comentarios:
Publicar un comentario