
Añoro aquellos días que, a pesar de ser de forma amistosa, estaba en tus brazos. Tus cortos pero intensos abrazos eran la luz de mis días. Esos instantes eran lo más añorado del tiempo que estábamos sin vernos.
Sin embargo, ahora estás lejos y debo conformarme con los recuerdos. Esas imágenes que llega a mi memoria son las únicas capaces de evadirme de esta soledad. Puedo soñar despierta si es con tu recuerdo, con el sonido de tu sonrisa y la sensación de sentir tus labios en mi mejilla.
Cuento los días desde que te fuiste y los que me quedan para volver a abrazarte. Me doy cuenta de que estamos a medio camino. Me queda lo mismo para ese gran reencuentro que el tiempo que ha pasado desde la despedida. Este tiempo ha pasado lento y monótono, así que no quiero imaginarme como va a ser la espera, la otra mitad de ese tedioso tiempo.

Yo me preparo sin descanso para ese día. Quiero mostrarle todo mi esplendor tanto físico como psíquico. Deshacerme de esos kilos de más, de mis imperfecciones externas. Que le brillen los ojos de lo que ve y no solo de esa emoción, que al igual que yo, espero que sienta. Sin embargo, sé que él no es de esos que solo se fijan en lo externo. Nunca he creído en las energías, pero si eres positivo, se transmitirá. Quiero que vea en mí a esa persona que, a pesar de que lo niegue, e incluso se lo niegue, anhela.
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