Todo el mundo me dice lo mismo. "Eres una romántica", y sí, lo sé. Soy una romántica, y lo cierto es que me encanta. Me evado soñando que estoy con
él en algún paraíso, siendo felices juntos. Ese romanticismo de los antiguos, en el que su amado era el centro de todo y sufrían únicamente por sus negativas.
Sin embargo, ese romanticismo se ve como algo utópico.
Es imposible porque suena demasiado idílico. Me niego a aceptarlo. ¿Por qué
él no va a pensar como yo? De hecho, estoy casi segura de que lo hace. Sé que es como yo, por eso puedo ser romántica. Si algún día estuviese entre sus brazos,
sé que las cosas serían como mi utópico romanticismo quiere que sean. Mi anterior entrada está íntimamente relacionada con ese ansiado futuro.
Ser romántico no es ser un soñador incomprendido. Es darlo todo por esa persona. Quizá arriesguemos demasiado, pero esa persona es nuestro faro, nuestra guía.
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